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A mayor liderazgo, mayor seguridad

Hoy las industrias maduras ya no hablan sólo de accidentes, hablan sobre todo del control de los riesgos. Pasar de los modelos reactivos a los preventivos es fundamental.

Si el liderazgo es necesario en cualquier organización, social, política, empresarial, el liderazgo en seguridad puede salvar vidas, puede hacer avanzar la gestión hacia posiciones pro-activas. Y ello porque el liderazgo de verdad, el que se ejerce a diario en cada toma de decisiones ya no es abstracto sino que traduce en hechos que todo el mundo entiende.

No son tiempos de hablar de jerarquías y disciplina sino de líderes, de compromiso, de participación, de cultura positiva de seguridad.

Liderazgo y gestión del personal van de la mano si queremos mejorar la seguridad operacional.
No sirve de nada poner sobre el papel que trabajamos para la mejora continua de la seguridad si luego la distancia entre el trabajo prescrito y el trabajo real no se mide. El personal sabe distinguir bien entre lo que está escrito, lo que se dice y lo que se hace. Si la dirección y los mandos no lideran, otros lo harán por ellos y quizá en lugar de equipos de trabajo que compartan un objetivo común se instale en los trabajadores la desconfianza y la falta de motivación, lo que conlleva asumir excesivos riesgos.

Confianza, empatía, compromiso y comunicación son algunas de las características de un buen liderazgo. Pero la dirección debe explicitar el modelo de organización que quieren liderar. Existen modelos viejunos del palo y la zanahoria donde la seguridad se impone y se fiscaliza y existen modelos donde se gestionan otros paradigmas, por ejemplo construyendo un modelo de cultura de seguridad positiva, aquella que cultiva la cultura del reporte, la cultura informativa, la cultura de aprendizaje, la cultura no punitiva y la cultura flexible.

No en vano, el Modelo Europeo de Cultura de Seguridad Ferroviaria habla de cuatro fundamentos: gestionar los principales riesgos con anticipación, entender la realidad del lugar de trabajo, cultivar un entorno de aprendizaje continuo e integrar la seguridad en el negocio a todos los niveles.

Quien lidera equipos de trabajo debe saber generar canales de confianza, espacios e instrumentos para conocer los riesgos de quien los vive en primera línea. Debe asegurarse que no hay barreras que impidan la información sobre riesgos o “sustos” en la operación. Si existe una notificación de riesgos pobre deberá ponerse en práctica un sistema de información confidencial.

Es necesario también que los demás vean a los mandos ejerciendo un papel activo y un genuino interés en poner los medios para resolver las situaciones difíciles. Ponerse en el lugar del otro y conocer las limitaciones de la interacción con las tareas.

En este sentido, un buen liderazgo necesitará ampliar sus conocimientos, probablemente excelentes en lo técnico y reglamentario pero en muchas ocasiones escasos en cuanto a entender aspectos culturales y de actuación humana.

Un buen líder demuestra comprensión ante los errores honestos y busca causas y alternativas más allá de las viejas recetas. Un buen liderazgo anima a la participación y a que el personal se involucre en la gestión de riesgos; es valiente ante las decisiones que implican cambios organizativos. La seguridad bien merece un poco de innovación.

En el mundo del transporte y en aquellas industrias donde la seguridad de terceros se puede ver amenazada, el compromiso de los líderes es absolutamente esencial para alcanzar una buena seguridad. Si este compromiso es mero maquillaje y únicamente buenas palabras, las consecuencias serán cuestión de tiempo. Dejar huella implicando a los equipos y siendo creíbles requiere algo más que un cargo en una tarjeta de visita.

Si tienes poder para decidir en asuntos relacionados con la gestión de riesgos, trabaja el liderazgo en seguridad. Dar pasos decisivos hacia una cultura de seguridad positiva harán el resto.

Un saludo, más cultura de seguridad, más liderazgo y mejora de la gestión operacional y los factores humanos.

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